USA para tontos

Probablemente Estados Unidos es el país del que se tiene más información alrededor del mundo y del que hay más mitos circulando. Normalmente, la gente se hace una idea basada en estereotipos Hollywoodienses. Siguiendo la entrada anterior, voy a dejar unas pequeñas reflexiones para continuar alimentando esa imagen. No obstante, cabe decir, que hay una gran diferencia entre las grandes ciudades y las zonas rurales (que son muchísimas). Diferencias que se observan en el estilo de vida, la comida, la forma de pensar o el conocimiento del “exterior”.

Los americanos son amantes de la comida rápida. Sí, es muy común. Las ciudades están llenas de cadenas de comida rápida. Aludiendo a Félix Rodríguez de la Fuente diría que una ardilla podría cruzar el país de McDonald’s en McDonald’s sin tocar el suelo. Si bien es cierto que las cadenas de comida rápida abundan, no son la opción favorita de todo el mundo. En las ciudades suele haber más opciones y en los suburbios es muy corriente encontrar centros donde se agrupan estos sitios de comida junto con tiendas de todo tipo.

Frutas y verduras. Otro mito extendido. Sí que hay verduras y frutas. La calidad varía enormemente en función del precio. Y contra todo pronóstico, los americanos no se alimentan de hamburguesas únicamente: saben cocinar. Es cierto que la comida americana es diferente de a la española, y hay menos variedad de sabores, pero me temo que pueden cocinar. Aunque muchas veces se les vaya la mano con la mantequilla o el azúcar. Otro aspecto “entrañable” es la manera con la que cocinan alimentos ajenos a su dieta diaria: he visto a amigos míos friendo un fuet (traído de España) para desayunar mientras yo dejaba escapar dos tímidas lágrimas.

Cuestión de paletos. Muchos tenemos en mente la imagen típica del cateto medio americano que no sabe situar Alemania en un mapa. A pesar de los chistes que se pueden hacer al respecto, y a pesar de las carencias del sistema educativo americano, ese perfil no es el más representativo de los americanos. El cazurro estándar es una realidad, pero supongo que cuando se hacen ese tipo de encuestas en España sucede lo mismo. Porque, siendo honesto, vengo de un país donde la estrella de moda no es capaz de situar España en un mapamundi.

¡Gordos! Sinceramente, en las ciudades no se ven todos los obesos que podría imaginar. Pero es cierto que es común ver gente gorda, y no ya eso, sino gente mórbida. En este caso, la estampa futurista de Wall-e donde la gente se transporta en monopatines que llevan incorporado la bebida, existe. Es fácil ver mega-gordos en carritos motorizados tomando Coca-Cola de vainilla mientras hacen la compra. Impactante. He de decir que, por otro lado, también hay mucha gente haciendo deporte para compensarlo.

Vuelos baratos. Creo que es lo que la gente más me repitió antes de mudarme a Estados Unidos: “aprovecha para viajar porque creo que los vuelos internos son muy baratos”. Error. Los vuelos no solo no son baratos, sino que en muchos casos son ofensivamente caros. Barato es cruzar Europa por 50 euros. Aquí, el precio medio no suele bajar de los 300 dólares y aunque se encuentran chollos, no es lo más común.

Salvadores del mundo. Si algo nos enseña el cine americano y las estrellas que lo exportan es que el mundo es un lugar mejor gracias a Estados Unidos. Este tipo de demagogia no está extendida por toda la sociedad. Normalmente, esa imagen de salvadores es una idea retrograda y limitada. Me temo que cuando USA se mete en conflictos internacionales, no responde a la necesidad de salvación del prójimo si no a intereses económicos y de seguridad propia. Supongo que como la mayoría de los países, solo que en este caso a mayor escala. (enlace a red social quejándose de España)

Políticos. Sí señores, Trump existe. No es un invento de los medios de comunicación. Y lo que es peor. Tiene mucha gente que le apoya. USA cuenta con algunos de los mejores y más carismáticos políticos que hay hoy en día, pero también cuenta con engendros de político que tienen demasiada voz. Quiero pensar que esta versión americana de Putin no tendrá cabida en la política americana mucho más tiempo.

¡Dispara! Las armas son una realidad. USA  cuenta con los niveles más altos del mundo de asesinatos por armas de fuego, esto unido a que no existe un sistema sanitario público que se encargue de los locos y depresivos, forma un cocktail explosivo que se traduce en matanzas todos los años. Gran parte de la sociedad se opone a la legalización de las armas, pero hoy por hoy, el lobby de las armas es mucho más fuerte que la voluntad de la sociedad.  No obstante, ellos lo saben y es un debate permanente en la sociedad.

La ropa. Un tema importante. Hay grandes diferencias entre áreas cosmopolitas y el resto, pero por si algo se caracterizan los americanos, es por ser los reyes de la comodidad. Es normal ver gente con ropa holgada: del tipo chinos y deportivas. Sinceramente, lo de las chanclas con calcetines no lo termino de entender pero lo he visto y sí: es un conjunto de fondo de armario muy común.

Para ahondar más en asuntos americanos, recomiendo al experto por excelencia de mayor reconocimiento de España: Goyo Jiménez.

Gymkhana en Etiopía

Hasta que no empezamos a preparar el viaje a Etiopía, no me había dado cuenta de las dimensiones del país y de la gran cantidad de desplazamientos que era necesario realizar. En realidad, esto no difiere mucho de los otros viajes que he hecho este año, pero en este caso, el país hizo que las vacaciones fueran una verdadera aventura.SONY DSC

Nada más llegar a la capital de madrugada, Adis Abeba, cogimos un vuelo directo al norte, a la región de Bahir Dar. Allí, con la ayuda de nuestro conductor, nos dirigimos al hostal que mejor puntuación tenía en Trip Advisor. De camino, el conductor nos enseñó otro hostal de buen aspecto, el cual rechazamos porque no tenía ducha individual.  Cuando llegamos al que recomendaba la guía, resultó ser una especie de barraca de prisión sin puertas en las habitaciones, con un baño común para todo el hostal que consistía en un agujero en el suelo. Mientras nuestro conductor se reía de nosotros diciendo que debíamos de ser parientes del dueño porque no había manera de haber encontrado semejante pocilga por nuestra cuenta, pude imaginarme durmiendo en una de esas literas dormido abrazado a mi mochila preocupado por no ser robado.  Finalmente, huimos del lugar y nos fuimos a una tercera opción más limpia.

Una vez instalados, con la ayuda de un guía, hicimos lo propio: visitar iglesias, lagos y las increíbles cataratas del Nilo Azul. Todo era impresionante: la gente, el paisaje, la cultura. El único problema era que al haber trasnochado viajando, cada vez que nos desplazábamos de un lugar a otro, me quedaba dormido como si tuviera narcolepsia y cuando el guía decía algo, alzaba la vista asintiendo con una sonrisa, como si todo lo que estaba diciendo fuera súper interesante.SONY DSC

Al día siguiente viajamos en coche a la ciudad de Gondar, que se encuentra cerca de las Montañas Simien. Allí, después de negociar con un par de hostales, nos quedamos en uno de los mejores ya que nos hicieron un descuento por ser temporada baja. En Gondar visitamos la ciudad y sus castillos. Por la noche, decidimos culminar el día yendo a uno de los mejores restaurantes de la ciudad que tenía certificado de excelencia de la guía Trip Advisor. Tres horas después de cenar me encontré en el baño de mi hotel vomitando todo el menú. Tengo que agradecer otra vez a Trip Advisor sus recomendaciones para Etiopía. Consiguió lo que no había conseguido mi osadía culinaria en Egipto, India o Sudán: provocarme la primera gastroenteritis de mi vida. Para más INRI, consiguió lo que parecía imposible: provocar una gastroenteritis a dos vascos de pelo en pecho.SONY DSC

Esto hizo que los tres días de marcha planeados se convirtieran en dos. Después de pasar un día de reposo en el hotel, nos fuimos a hacer trecking a las montañas Simien: básicamente es como estar en Jurassic Park pero en lugar de dinosaurios y científicos, hay monos, niños, cabras, muchos burros y pájaros de todos los colores.SONY DSC

El conductor que nos tenía que llevar en todoterreno tardó unos 10 metros en salirse del camino y atascar el vehículo en el barro. Después de sacar el coche empujado por toda la tribu presente, pude comprobar que el 50% del tiempo lo pasaba mirando hacia el copiloto para charlar, así que era cuestión de tiempo que volviera a suceder. El recorrido por las montañas me lo había imaginado un poco como de andar por casa: resultó que hizo más frío y humedad de lo esperado y menos oxígeno del deseado. Ya por la noche en el campamento notaba la presión en el pecho por la reducción de oxígeno. Por lo visto, lo que yo imaginé como unas bonitas colinas, eran en realidad unas montañas que alcanzaban los 4000 metros de altura en algunos puntos. Además, por la noche, tuve la suerte de servir de alimento a una familia de pulgas que me dejaron seco en cuestión de horas.  Esto hizo que el segundo día de marcha me debatiera entre la admiración por el entorno, el cual era espectacular, y el caminar como un moribundo. Después de unas pocas horas, aparecieron unos chavales de la nada con unos burros que nos ayudaron a terminar la travesía hasta el coche.SONY DSC

Esa noche volvimos a dormir en Gondar y por la mañana cogimos un vuelo a Lalibela; un pequeño pueblo que tiene 11 iglesias excavadas en la roca y era el centro de peregrinaje de cristianos africanos que no conseguían llegar a Jerusalén. Cuando paseábamos por la ciudad, los niños nos acosaban pidiendo bolígrafos. Todos decían que teníamos un nombre bonito, que querían ser ingenieros o doctores y que recordáramos sus nombres después del paseo para que les compráramos algún souvenir. Después de horas paseando con varios encuentros con un mismo chaval, acabé regalándole una de mis camisetas por insistencia. Era curioso que los niños hablaban inglés con fluidez mucho mejor de lo que lo hacemos nosotros.SONY DSC

El chaval al que di la camiseta, que tenía un ojo blanco, también me pidió el email así que se lo dí. Lo que tardé en ir de la puerta del hostal a mi habitación es lo que el chaval tardó en ir a un ordenador y mandarme un email saludándome. Cuando hablaba con los niños les decía que estudiaran, que se portaran bien y que respetaran a las mujeres. Es decir, les decía todo lo que se me pasaba por la cabeza en esos momentos: solo me faltó decirle “pezqueñines no gracias” para cubrir todos los aspectos de la vida.

En la Lalibela, de madrugada tuvimos la oportunidad de ir a la misa de las 5 de la mañana. La gente rezaba dentro y fuera de la iglesia y en las proximidades. Generalmente lo hacían descalzos, así que nosotros nos descalzamos. Después de hora y media viendo iglesias, misas y feligreses devotos, no sé si mi alma estaba más limpia, pero mis pies seguro que estaban más sucios.SONY DSC

Hay algo muy curioso que hacen de vez en cuando la mayoría de los etíopes al hablar: pequeñas aspiraciones de aire como si se estuvieran ahogando. También era curioso ver a algunos españoles riéndose del gesto mientras ellos sorbían mocos cada 5 minutos haciendo más ruido y más molesto.SONY DSC

Después de Lalibela, cogimos un vuelo a Adis Ababa, ya que la guía hablaba de su vida nocturna, música en directo y los mercados locales. Para nosotros la ciudad se convirtió en un pequeño infierno de obras y ruido, que culminó con el hecho de que me robaran el móvil: tuve suerte y lo recuperé en cuestión de segundos.

Visto el éxito de la capital, decidimos coger un coche e ir hacia el sur a visitar los lagos que se extendían hasta Awasha, donde hicimos noche. En el trayecto, pinchamos 5 veces las ruedas, por lo que tuvimos la oportunidad de ver varios poblados puramente africanos y varias reservas naturales impresionantes. Ya en Awasha, vimos que era una mezcla entre Torrevieja y una tribu africana: tenía una calle principal llena de bares que moría en una iglesia en la cual había mucho ambiente. Por el día visitamos el fish market, donde se agolpaban pelícanos y personas en igual número y donde comían pescado con el mismo ansia. La aventura se acabó con la  vuelta al aeropuerto: tras casi 40 picaduras en el cuerpo, mi propio cultivo de chinches en la mochila, alguna prenda menos en la maleta y con ganas de haber visto más.SONY DSC

Puedo decir que Etiopía es un país lleno de contrastes y singularidades. Por ejemplo, sus años tienen 13 meses, ellos se encuentran en el año 2006 y el día comienza cuando amanece y acaba cuando anochece. Es un país que no fue colonizado y ha hecho que guarde una esencia especial. Recomiendo a cualquiera que lo visite, que vaya cargado de bolígrafos, ya que a los niños les encantan. Y también recomiendo a los fotógrafos aficionados que se muestren respetuosos con las fotos, porque es bastante lamentable ver a occidentales haciendo fotos a niños pobres a escasos centímetros de su cara sin ningún pudor o consideración.

Buceo en el mar rojo

En el puente que coincidía con el final del Ramadán decidimos irnos al Mar Rojo a hacer un curso de buceo. Llevábamos bastante tiempo preparando la idea, y de los posibles destinos que hay en Egipto elegimos Marsa Alam. La aventura ya empezó cuando intentamos reservar el viaje y la estancia. Después de decenas de llamadas y correos, de valorar ir en coche, autobús o avión, de contactar con varios sitios de la zona, finalmente acabamos alquilando una furgoneta e irnos a un pequeño complejo ecológico cerca de la frontera con Sudán.

Lo curioso de los viajes en Egipto es que te da la sensación de que aunque todo este reservado, hasta que no estás en el propio lugar, no tienes la certeza de que todo saldrá bien. Después de pasar 10 horas en la furgoneta, la cual tenía los asientos forrados de plástico (cosas de egipcios), llegamos al complejo empapados en sudor.

Una vez nos instalamos y acordamos el tipo de curso que haríamos, nos fuimos a hacer snorkel en la orilla. En esa primera aproximación todo lo que vimos nos pareció espectacular: corales, peces, un manta…foto 2

Durante el curso de buceo PADI fuimos alternando las inmersiones con la teoría. La parte teórica consistía en leer un libro que parecía escrito por un catequista de los 90. En él, podíamos encontrar frases lapidarias del tipo “hacer buceo es bueno para conocer gente, ir a sitios de buceo y hacer cosas debajo del agua” o “un compañero aporta seguridad y diversión”. Tan amena lectura era acompañada de unos vídeos infumables sobre el buceo que perfectamente podrían ser un documental de las vacaciones de Sarah Palin con un toque a los vigilantes de la playa. Después de torturarnos cada mañana con ese rato de cultura del buceo, hacíamos las inmersiones. Básicamente nos pasamos dos días debajo del agua, donde el monitor nos hacía pequeñas faenas para saber cómo actuar ante cada tipo de percance: vaciar la máscara de agua debajo del agua, qué hacer si se acababa el oxígeno, socorrer a un compañero, etc. El monitor, un tipo súper tranquilo, debió quedar anonadado ante el espectáculo que dimos. Creo que debimos atormentarle un poco la primera vez que nos sumergimos ya que entre los 4 que íbamos, le repetimos las mismas preguntas una y otra vez. Por un lado, a un amigo que no podía sumergirse con el peso del propio equipo, le llenó los bolsillos de rocas; mientras tanto, yo, con la comodidad del neopreno y el agua caliente del mar, no podía evitar hacer pis en cuanto entraba en el agua, por lo que en esos períodos de trance no escuchaba sus explicaciones. Por otro lado, cada vez que cada uno de nosotros hacía un ejercicio debajo del agua el profesor nos aplaudía. Me dio tanta pena que nada le dijera nada cuando lo hacía, que cuando él hacía el ejemplo yo le aplaudía para que se animara. El tipo obviamente pasaba. Tuve algún problemilla para encajar mi nariz en la máscara: estaba convencido de que la mía debía se de niños, pero resultó que no. Que para mi horror mi nariz es grande.foto 1

Cada poca distancia, había que equilibrar los oídos de manera tranquila para no dañarnos los tímpanos, haciendo todo cuidadosamente. Esto por supuesto nos salía genial cuando descendíamos de manera ordenada con el instructor. Cuando estábamos viendo corales, y en algún momento de descuide te veías ascendiendo de manera incontrolada a la superficie, hacías lo posible por bajar otra vez con el grupo antes de que se diera cuenta del error. Y ahí, hacerlo cuidadosamente era un poco secundario, ¿Qué importaba la salud de tus tímpanos comparado con la vergüenza de que el profesor te pillara flotando a la deriva con cara de desesperación?

En otro ejercicio de orientación, llegó una corriente que trajo algo de basura de otro sitio. En ese momento decidí alimentar mi espíritu ecologista y me dediqué a recoger plásticos mientras hacíamos los ejercicios, los plásticos me los iba enganchando en el neopreno y ya en superficie los metía en un trozo de bidón que encontramos. El monitor, después de entender que no tenía el síndrome de Diógenes y me dedicaba a recoger y almacenar mierda gratuitamente, lo agradeció con una sonrisa.P1060250

Las pocas fotos que pude hacer debajo del agua, fueron casi en la superficie, ya que lo único con lo que contaba era mi cámara y una bolsa de plástico acuática de los chinos similar a las bolsas de congelar comida.

En la zona había tortugas verdes, delfines, morenas, rayas y peces de todo tipo. Nosotros no pudimos ver todo eso, pero el hecho de ver a las rayas planeando o a una morena escondida a escasos metros fue impresionante.

Tailandia: el viaje más guiri

El último viaje que hice fue a Tailandia. La verdad que no había leído mucho acerca del país previamente a la elección, pero me llamó la atención cuando decía que iba a ir de vacaciones a Tailandia la gente se sorprendía por la decisión. En algún momento alguien incluso llegó a decir: “¿Tú? Pero si no tienes pinta de putero..” a lo que no supe muy bien que responder. La intención era visitar templos, ciudades y playas paradisíacas. No tuve en cuenta que también era un destino muy demandado por otros motivos.

Para el viaje, usamos el idiotizador de viajeros por excelencia: La lonely planet. La verdad que te resuelve la papeleta en muchas situaciones, pero es verdad, que si abusas de ella, se te pone complejo de oveja.

La llegada a Tailandia fue muy cansada. La primera noche anduvimos por el centro de Bangkok por la zona más turística: Khaosan Road. Un cruce de calles con numerosos bares, restaurantes y centros de masajes, acompañados por música, muchísimos turistas y puestos ambulantes. Lo que más me llamo la atención fue el descontrol de los turistas y la gran cantidad de fiesta que había. En un momento dado, viendo a un británico borracho como una cuba, hablando solo y andando a 4 patas, tuve la sensación de que desaprovechaban todo lo que la ciudad y el país podía ofrecer de verdad. Solo tardamos 24 horas en acabar borrachos, comiendo escorpiones de un puesto ambulante y montándonos 6 personas en un Rickshaw de 3 plazas cantando a pleno pulmón. Durante el día siguiente nos moderamos e hicimos turismo por la ciudad.SONY DSC

Entre otras cosas, hicimos la visita obligada al Palacio Real. De camino al palacio, algunas personas nos decían que estaba cerrado y nos aconsejaban ir a otros lugares que ellos nos indicaban. ¿Quién iba a pensar que aquellas personas con cara de pan y ojos rasgados iban a engañarnos para hacer negocio de nuestro viaje? Menos mal que veníamos avisados por la guía y no caímos.SONY DSC

Después de dos días en Bangkok, fuimos al norte en un tren nocturno. Estuvimos en Chiang Mai visitando templos. Muchísimos. Todos muy llamativos. Aunque después de los 10 primeros empieza a costar diferenciar cual es cual. También contratamos una excursión para montar en elefante y visitar la tribu de las mujeres jirafa. El paseo en elefante, para mi horror, supuso darme cuenta de la pobre vida de estos animales en este tipo de tours. Supimos de la existencia de otros lugares donde eran mejor cuidados pero ya era demasiado tarde.SONY DSC

Por la tarde pudimos visitar la tribu de las mujeres jirafa. La verdad que era realmente espectacular la fisionomía de estas mujeres. Aunque en este caso, las mujeres básicamente regentaban un mercadillo y eran expuestas al público a modo de zoológico.SONY DSC

Después de pasar unos días en Chiang Mai, nos dirigimos al sur en busca de las famosas playas paradisíacas. La zona elegida fue Ao Nang. Desde tuvimos la oportunidad de ver Raylai y un conjunto de islas impresionantes. Tuvimos la suerte de que casi siempre esquivamos las aglomeraciones de turistas ya que cogíamos pequeños botes individuales. Excepto una vez donde contratamos una excursión para ver varias playas. Además ese mismo día por la mañana jarreó agua durante varias horas. El concepto era montar en un barco con otros 50 ilusos que habían caído en la misma trampa que nosotros y visitar varias islas haciendo varias paradas para comer, hacer snorkel o bañarnos.SONY DSC

La guía que nos acompañaba, que apenas levantaba medio metro del suelo, estaba curtida en viajes y en turistas. Era como si el personaje de Lilo en Lilo & Stitch hubiese sido marginada por Disney, se hubiese dado a las drogas y el alcohol y hubiese vuelto a encauzar su vida como guía turística en un bote de recreo. Era como un pequeño sargento que daba las indicaciones a gritos: cuando era zona de playa “Just swimming, not snorkeling”, cuando era zona de corales “Just snorkeling, not swimming”, cuando había que observar un paisaje “Take camera, best memories” y cuando veía que había demasiada lluvia “no camera, just memory”.SONY DSC

En algunas de estas playas, los barcos se apiñaban repletos de peregrinos: éramos hordas de turistas de playa en playa bajo el diluvio universal. Nos pasamos todo el día mojados, y tengo que decir que al principio me encantaba la idea. Volver a ver la lluvia. Después de tantos meses. Respirando profundamente y mojándome entero como si de una película de Isabel Coixet se tratara. Mi lado gafa-pasta estaba satisfecho. Después de unas horas, la situación empezó a crisparme. Y cuando, con la piel arrugada como una pasa, me bañé en la última playa, en un momento de desesperación dije “que hastío de lluvia por Dios, que me van a salir corales en los cojones”

El último día, pudimos disfrutar otra vez de una de las playas maravillosas con poca gente y con el agua templada como una sopa.

Tailandia es un destino muy interesante, con una cultura muy diferente a lo visto hasta ahora. Aunque si no se quiere caer en la rutina y lo típicamente turístico, conviene prepararse el viaje al margen de guías y consejos de agencias.

Odisea en el Sinaí

El fin de semana pasado decidimos acercarnos al mar rojo. Concretamente a la parte oriental de la península del Sinaí. El viaje parecía una locura solo para un fin de semana. Pero teníamos un plan. Haríamos el viaje de noche para poder pasar el trayecto durmiendo y llegar al amanecer justo para disfrutar de los arrecifes de coral que hay en la zona.

El jueves a las 12 de la noche quedamos con el conductor de la furgoneta. Yo fui el primero en llegar y todos llegaron, como mínimo, con media hora de retraso. Después de refunfuñar, yo que soy muy hábil me dí cuenta de que me había olvidado el saco de dormir y tuve que volver a casa y hacer esperar a todos. Con esto el plan se vio ligeramente alterado.

Salimos tarde y el conductor decidió que para acortar lo mejor era atravesar por la plaza Tahrir, la cual está impracticable debido a las barricadas y tiendas de campaña que hay. A pesar de que todos los coches daban la vuelta y nos hacían gestos con los que creo que intentaban decir algo como “pero qué hacéis locos, iros para casa turistas ignorantes”, el conductor continuó. Finalmente, una barricada policial nos tuvo que abrir paso y salimos por fin de El Cairo.

Hasta aquí había sido lo fácil. Continuamos el viaje y llegamos al Sinaí. Simplificando mucho: para cruzar el Sinaí hay tres carreteras, “la del norte” que es la menos larga, “la del medio” que es la medianamente larga y la de la costa que es larguísima. Nos dijeron que teníamos que coger la de la costa porque es la más segura para turistas. El conductor decidió ir por la del norte a pesar de nuestras indicaciones. Esto cambiaba un poco el plan también. Finalmente, llegamos a un punto donde el ejército no nos dejó pasar porque decía que no era seguro para nosotros. Parece que para los propios egipcios si lo era, porque pasaban coches y furgonetas con total tranquilidad. Nos dijeron que o esperábamos hasta el día siguiente a la 1 de la tarde, hora a la que oficialmente vuelve a ser seguro, o nos fuéramos. Obviamente, nos fuimos y deshicimos el camino andado durante la última hora y media, lo cual también afectaba al plan inicial. Después cogimos la carretera de la costa y fuimos hacia el sur. Cuando todos nos dormimos, el conductor decidió coger la carretera “del medio” y cuando el ejército le paró, les dijo que éramos egipcios y siguió adelante. Entiendo que, o les dijo que éramos una excursión de egipcios albinos, o eran soldados que aprobaron raspadito. En cualquier caso, eso hizo que llegáramos según lo previsto en el plan.odisea 1

En el mar rojo estuvimos en la zona de Nweiba: una zona abandonada con agua azul celeste y en la cual de un lado están las montañas del Sinaí y del otro las montañas de Arabia Saudita, tan solo separadas por 10 kilómetros de distancia. Pudimos disfrutar de dos días escasos de paraíso. El día antes de ir, nos dijeron que por la noche había problemas de abastecimiento de gasolina, así que le dijimos al conductor que llenase el depósito por el día.odisea 2

Fue en el viaje de vuelta donde surgieron pequeños percances, ya que están extremando la seguridad, aunque no tanto la eficiencia:

17.00 h Salimos de Nweiba en dirección Cairo.

17.30 h El conductor decide ir por la carretera “del medio” ya que todavía es de día, y por lo tanto, seguro.

18.15 h Nos para el ejército en un Check Point y le dice al conductor que no puede cruzar con extranjeros.

18.20 h Volvemos para atrás y nos dirigimos hacia el sur.

19.20 h Pasamos por una gasolinera donde hay un mar de coches pitando, esperando gasolina. Pasamos por su lado y yo pienso pobres almas de cántaro que no han echado gasolina de día.

19.22 h Veo, para mi estupor, que nuestro conductor se mete en la marea de coches porque nos dice que no tiene suficiente gasolina.

19.25 h Con los ojos como platos, veo como se mete por un lateral y acaba a la altura de los surtidores.

19.30 h No sé que bazofia les cuenta a los que están ahí, pero milagrosamente nos dan gasolina.

19.35 h Seguimos nuestro camino.

21.35 h Llegamos al control de policía de la carretera de la costa y nos indican que no podemos cruzar porque al ser de noche y haber americanos en el grupo, necesitamos un permiso de policía de la comisaría más cercana.

21.40 h Nos damos la vuelta.

22.00 h Encontramos la comisaría del pueblo más cercano y esperamos que nos firmen la autorización jugando a adivinazas, a la pelota, etc.

23.00 h Finalmente conseguimos el permiso.

23.05 h  Volvemos a la carretera de la costa.

23.35 h Pasamos el control.

00.30 h Pinchamos una rueda. La rueda de repuesto está desinflada y no tenemos inflador.

00.40 h Llega la policía y nos deja una rueda.

01.00 h Llegamos al pueblo más cercano. Nos hinchan la rueda y devolvemos la otra a la policía.

01.20 h Continuamos nuestro camino hacia el norte hasta el Canal de Suez

04.30 h Llegamos al control de policía de Suez y nos dicen que no podemos cruzar y tenemos que esperar al amanecer.

04.40 h Gracias a la intervención de un amigo y a mencionar algo sobre la embajada, nos dejan cruzar

06.30 h Finalmente llegamos a El Cairo.

07.00 h Llego a casa

07.10 h Me meto en la cama

08.15 h Me levanto para trabajar con la misma cara que el feo de los hermanos Calatrava

En algún momento de la mañana: parada cerebral.

Fin de año en Estambul

Este año y por primera vez en mi vida, pasé la mitad de las navidades fuera de casa con unos amigos: El destino en este caso fue Estambul. La ciudad, a priori, no me atraía mucho, a pesar de todas las buenas referencias que me daban todas las personas que ya habían estado.  Tengo que decir que después de 4 días de turismo y fiesta la ciudad me conquistó. Estambul es una mezcla entre Europa y Oriente Medio. Puedes encontrar ambos mundos bien representados: Puedes comer ese cordero típico de los países árabes que parece haber sido alimentado con Salfumán, o comerte un McDonalds casero como en cualquier ciudad cercana. En ambos casos la digestión se antoja divertida.

P1050349En la ciudad hay varios iconos que merecen una visita: Santa Sofía, que desde fuera es cierto que parece una azucarera pero que por dentro es espectacular.

Santa Sofía III

La mezquita azul, una mezquita en la que tuvimos que esperar una hora a que terminarán el rezo y que una vez dentro, te ves en envuelto en una experiencia psicotrópica producida por dos motivos a partes iguales: los espectaculares techos y el intenso olor a pies de las moquetas.

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El espectáculo de los derviches, donde unos bailarines con faldas hasta los pies dan vueltas sin parar con cara de haber comido algo en mal estado. Es un espectáculo curioso, aunque si soy honesto, entre el público se contaba el mismo número de personas durmiendo que sacando fotografías.

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Entre otras experiencias, pudimos hacer un crucero por el Bósforo, que también es muy bonito, a pesar de que el frío nos dificultara la respiración. Por supuesto, también paseamos por el gran bazar (una especie de Carrefour pero de corte oriental), fuimos a la famosa calle Istiklan y vimos la Torre Galata.

Santa Sofía II

Concretamente el día de fin de año, no supimos que es lo que hacían cuando daban “las campanadas” hasta el mismo momento en el que hicimos la mundial cuenta atrás. En turco. Las horas previas a las 12 de la noche, la gente paseaba por la calle Istiklan de forma masiva, acompasada por la música de las fiestas de fin de año de los garitos cercanos. Aunque el ambiente es muy festivo y hay muchísimas ganas de fiesta, tengo que decir que en algunos momentos acojona. La gente gritaba tanto que hubo algún instante donde pensamos que era una manifestación donde iban a acabar a palos. Digamos que el hecho de que todo estuviera lleno de policía, algunos paisanos gritaran como holligans y en la calle hubiera material de obra fácilmente arrojable, nos despistó a la hora de entender su espíritu navideño.

Escapada a Jordania

Hace unas semanas estuve de viaje por Jordania. Disfruté de una ruta de tres días por todo los iconos del país junto con otros cinco amigos. El viaje lo organizó a la perfección una buena amiga, aunque esto no quitó que disfrutáramos de las sorpresas propias de este tipo experiencias.

Para mi sorpresa, en Amman hacía mucho frío y estaba lloviendo. Después de unos meses en El Cairo, la ciudad me pareció “muy europea”. Cuando lo comenté con los que vivían allí no contestaron, pero se rieron durante un rato. Supongo que el hecho de que no hubiera gatos y basura en la calle y por la noche hubiera silencio, me descolocó.

Wadi rum

Después de hacer noche en Amman, fuimos al desierto de Wadi Rum. Nuestra idea era hacer un rally por el desierto y disfrutar del paisaje y la adrenalina. La realidad fue un paseo en todoterreno por el desierto como guiris en lata.  El guía, de unos 15 años de edad, se presentó como Diplomado en Turismo por la Universidad de Dubai. A partir de ahí el resto estuvo acorde a su titulación. Nos llevo a varios lugares icónicos, a una supuesta cara esculpida por/para Lawrence de Arabia, que en realidad parecía un trozo de cartón-piedra sacado de Port Aventura, y lo que él llamo el anochecer en el desierto: ver el sol esconderse detrás de una montaña a media tarde. Cuando te das cuenta de que eres parte de esos grupos de guiris que disfrutan de las actividades, te imaginas a ti mismo con los calcetines levantados hasta las espinillas y chanclas, en conjunto con cámaras de fotos réflex puestas en modo automático.

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En realidad el desierto era muy llamativo. Pudimos ver las formaciones rocosas rojizas y las dunas de arena rojiza bastante peculiar. Esa noche dormimos en jaimas, disfrutamos de la boda beduina de dos de nuestros amigos y vimos estrellas fugaces en un cielo plagado de estrellas.

Cuando fuimos a Petra, la sensación fue espectacular. Caminamos por un cañón que se iba estrechando hasta llegar al famoso tesoro. A partir de ahí, las estructuras excavadas en la roca se suceden hasta culminar con el monasterio, el cual encuentras horas después en lo alto de la montaña.

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Para ser justos hay que decir que si Indiana Jones realmente hubiese ido a Petra en su última cruzada, no hubiese cabalgado en lomos de un elegante caballo. Hubiese ido en burro arrastrando los pies por la arena y con dos chavales azotándole el culo con un látigo. Esa es una de las cosas que llaman la atención. La cantidad de burros que hay, y los palos que reciben por parte de los chavales para que transporten a los turistas a lo largo del recorrido.

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El último día, fuimos al mar muerto. Creo que hicimos lo que todo el mundo hace: flotar en el agua ultra-salada (de sensación aceitosa), ver como la gente se sacaba fotos simulando leer revistas dentro del agua en posturas imposibles, y embadurnarnos de lodo, que supuestamente es muy bueno para la piel, pero que nos dejó pegotes de barro por todo el cuerpo.

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Jordania me pareció un país un poco despoblado, no sé si porque es temporada baja, porque son 6 millones de personas en todo el país y eso equivale a un barrio estándar de El Cairo, o porque me he acostumbrado tanto a Egipto que de aquí en adelante todo me parecerá un rollo si no tiene gente a mansalva y ruido, mucho ruido.