Monasterios de Wadi Natrun

La semana pasada fuimos a unos monasterios coptos situados en medio del desierto en un oasis llamado Wadi Natrun. Con la información que había leído en la lonely planet y lo que mi imaginación había dado de sí, pasé las dos horas de viaje dando cabezadas e imaginando como podían ser esos lugares donde los monjes coptos meditan. Cuando llegamos, descubrimos que los días de visita, los monasterios son visitados por hordas de cristianos procedentes de diferentes lugares de Egipto.

Entre todas las personas, llamábamos la atención bastante, ya que éramos de los pocos occidentales que se acercaron al lugar. Esto hizo que los niños y los no tan niños se nos acercaran una y otra vez a saludarnos y darnos la mano. Lo más curioso es que uno de mis amigos que mide alrededor de los 2 metros de altura y con melena pelirroja, fuera el centro de atención a su paso. La gente le detuvo en varias ocasiones para hacerse fotos con él y algunos, incluso, le tocaban por la espalda y se besaban la mano para luego tocarle como si de uno de los monjes se tratara.SONY DSC

El tipo de gente que había era bastante diferente a la que hay en El Cairo. La gente era muy morena, con pelo oscuro, muy velludos y con una estética estancada en los 80 con tintes de zíngaros. Esto hizo que a los ojos de los monjes también fuera fácil identificarnos. Tal es así, que en uno de los monasterios que visitamos, un monje se acercó a nosotros con una cálida sonrisa y nos llevó en una visita, cuando menos, surrealista.

Tengo que decir que los de los besos estaba a la orden del día. Besos a los monjes. Besos a las representaciones de Cristo. Besos al informático que nos acompañaba. Había para todos. El gesto general que hacían a los monjes era el de saludar con la mano, y cuando el devoto le daba la mano y acercaba sus labios para besarla, el monje la retiraba rápidamente. De esta manera, la gente se acababa besando su propia mano con un gesto algo sorprendido. No estoy seguro de si lo hacían por higiene, ya que los besos en las manos se podrían contar por cientos. También es verdad que no hubiera estado mal limitar el número de besos ya que la gente besaba cada representación de Cristo con la misma efusividad con la que mi abuela nos besa después de una larga temporada sin verla.

La visita guiada que nos dio el monje fue bastante peculiar. Nos hizo una visita como si fuéramos VIP, apartando a todo aquel que no era de nuestro grupo. Contó el número de personas que éramos y nos llevo de uno a otro hito sin parar y mencionando hasta el último detalle. A esto hay que añadir que la gente le miraba y se unía por admiración a nuestro grupo. Además, algunos nos miraban y nos saludaban con campechanía. Los niños correteaban a nuestro alrededor y lanzaban pelotas parpadeantes. Un señor nos dio chocolatinas. Chocolatinas que regalé a otro niño minutos después e hizo que se pensara que era un cristiano venido del oeste preparado para repartir dulces.SONY DSC

En algunos momentos, había tal atasco de gente, que el monje se abría camino quitándose del medio los feligreses a manotazos. También les decía que nos estaba contando cuentos que a ellos no les interesaba y que se alejaran. Me resultó curioso que nos trataran de esa manera “privilegiada” y que les trataran de esa manera un poco más despectiva, cuando eran ellos los que venían por devoción y fe. Si bien es cierto que, nos comentaron que antes de la revolución los turistas venían diariamente por decenas, y ahora, tristemente, se contaban por unidades cada semana.