Fin de año en Estambul

Este año y por primera vez en mi vida, pasé la mitad de las navidades fuera de casa con unos amigos: El destino en este caso fue Estambul. La ciudad, a priori, no me atraía mucho, a pesar de todas las buenas referencias que me daban todas las personas que ya habían estado.  Tengo que decir que después de 4 días de turismo y fiesta la ciudad me conquistó. Estambul es una mezcla entre Europa y Oriente Medio. Puedes encontrar ambos mundos bien representados: Puedes comer ese cordero típico de los países árabes que parece haber sido alimentado con Salfumán, o comerte un McDonalds casero como en cualquier ciudad cercana. En ambos casos la digestión se antoja divertida.

P1050349En la ciudad hay varios iconos que merecen una visita: Santa Sofía, que desde fuera es cierto que parece una azucarera pero que por dentro es espectacular.

Santa Sofía III

La mezquita azul, una mezquita en la que tuvimos que esperar una hora a que terminarán el rezo y que una vez dentro, te ves en envuelto en una experiencia psicotrópica producida por dos motivos a partes iguales: los espectaculares techos y el intenso olor a pies de las moquetas.

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El espectáculo de los derviches, donde unos bailarines con faldas hasta los pies dan vueltas sin parar con cara de haber comido algo en mal estado. Es un espectáculo curioso, aunque si soy honesto, entre el público se contaba el mismo número de personas durmiendo que sacando fotografías.

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Entre otras experiencias, pudimos hacer un crucero por el Bósforo, que también es muy bonito, a pesar de que el frío nos dificultara la respiración. Por supuesto, también paseamos por el gran bazar (una especie de Carrefour pero de corte oriental), fuimos a la famosa calle Istiklan y vimos la Torre Galata.

Santa Sofía II

Concretamente el día de fin de año, no supimos que es lo que hacían cuando daban “las campanadas” hasta el mismo momento en el que hicimos la mundial cuenta atrás. En turco. Las horas previas a las 12 de la noche, la gente paseaba por la calle Istiklan de forma masiva, acompasada por la música de las fiestas de fin de año de los garitos cercanos. Aunque el ambiente es muy festivo y hay muchísimas ganas de fiesta, tengo que decir que en algunos momentos acojona. La gente gritaba tanto que hubo algún instante donde pensamos que era una manifestación donde iban a acabar a palos. Digamos que el hecho de que todo estuviera lleno de policía, algunos paisanos gritaran como holligans y en la calle hubiera material de obra fácilmente arrojable, nos despistó a la hora de entender su espíritu navideño.

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