Buceo en el mar rojo

En el puente que coincidía con el final del Ramadán decidimos irnos al Mar Rojo a hacer un curso de buceo. Llevábamos bastante tiempo preparando la idea, y de los posibles destinos que hay en Egipto elegimos Marsa Alam. La aventura ya empezó cuando intentamos reservar el viaje y la estancia. Después de decenas de llamadas y correos, de valorar ir en coche, autobús o avión, de contactar con varios sitios de la zona, finalmente acabamos alquilando una furgoneta e irnos a un pequeño complejo ecológico cerca de la frontera con Sudán.

Lo curioso de los viajes en Egipto es que te da la sensación de que aunque todo este reservado, hasta que no estás en el propio lugar, no tienes la certeza de que todo saldrá bien. Después de pasar 10 horas en la furgoneta, la cual tenía los asientos forrados de plástico (cosas de egipcios), llegamos al complejo empapados en sudor.

Una vez nos instalamos y acordamos el tipo de curso que haríamos, nos fuimos a hacer snorkel en la orilla. En esa primera aproximación todo lo que vimos nos pareció espectacular: corales, peces, un manta…foto 2

Durante el curso de buceo PADI fuimos alternando las inmersiones con la teoría. La parte teórica consistía en leer un libro que parecía escrito por un catequista de los 90. En él, podíamos encontrar frases lapidarias del tipo “hacer buceo es bueno para conocer gente, ir a sitios de buceo y hacer cosas debajo del agua” o “un compañero aporta seguridad y diversión”. Tan amena lectura era acompañada de unos vídeos infumables sobre el buceo que perfectamente podrían ser un documental de las vacaciones de Sarah Palin con un toque a los vigilantes de la playa. Después de torturarnos cada mañana con ese rato de cultura del buceo, hacíamos las inmersiones. Básicamente nos pasamos dos días debajo del agua, donde el monitor nos hacía pequeñas faenas para saber cómo actuar ante cada tipo de percance: vaciar la máscara de agua debajo del agua, qué hacer si se acababa el oxígeno, socorrer a un compañero, etc. El monitor, un tipo súper tranquilo, debió quedar anonadado ante el espectáculo que dimos. Creo que debimos atormentarle un poco la primera vez que nos sumergimos ya que entre los 4 que íbamos, le repetimos las mismas preguntas una y otra vez. Por un lado, a un amigo que no podía sumergirse con el peso del propio equipo, le llenó los bolsillos de rocas; mientras tanto, yo, con la comodidad del neopreno y el agua caliente del mar, no podía evitar hacer pis en cuanto entraba en el agua, por lo que en esos períodos de trance no escuchaba sus explicaciones. Por otro lado, cada vez que cada uno de nosotros hacía un ejercicio debajo del agua el profesor nos aplaudía. Me dio tanta pena que nada le dijera nada cuando lo hacía, que cuando él hacía el ejemplo yo le aplaudía para que se animara. El tipo obviamente pasaba. Tuve algún problemilla para encajar mi nariz en la máscara: estaba convencido de que la mía debía se de niños, pero resultó que no. Que para mi horror mi nariz es grande.foto 1

Cada poca distancia, había que equilibrar los oídos de manera tranquila para no dañarnos los tímpanos, haciendo todo cuidadosamente. Esto por supuesto nos salía genial cuando descendíamos de manera ordenada con el instructor. Cuando estábamos viendo corales, y en algún momento de descuide te veías ascendiendo de manera incontrolada a la superficie, hacías lo posible por bajar otra vez con el grupo antes de que se diera cuenta del error. Y ahí, hacerlo cuidadosamente era un poco secundario, ¿Qué importaba la salud de tus tímpanos comparado con la vergüenza de que el profesor te pillara flotando a la deriva con cara de desesperación?

En otro ejercicio de orientación, llegó una corriente que trajo algo de basura de otro sitio. En ese momento decidí alimentar mi espíritu ecologista y me dediqué a recoger plásticos mientras hacíamos los ejercicios, los plásticos me los iba enganchando en el neopreno y ya en superficie los metía en un trozo de bidón que encontramos. El monitor, después de entender que no tenía el síndrome de Diógenes y me dedicaba a recoger y almacenar mierda gratuitamente, lo agradeció con una sonrisa.P1060250

Las pocas fotos que pude hacer debajo del agua, fueron casi en la superficie, ya que lo único con lo que contaba era mi cámara y una bolsa de plástico acuática de los chinos similar a las bolsas de congelar comida.

En la zona había tortugas verdes, delfines, morenas, rayas y peces de todo tipo. Nosotros no pudimos ver todo eso, pero el hecho de ver a las rayas planeando o a una morena escondida a escasos metros fue impresionante.

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El Eid

Simplificando mucho, la fiesta de El Eid es como una especie de navidad musulmana. Básicamente son cuatro días en los que la gente celebra la fiesta matando cabras en las calles. Supongo que es algo así como los americanos con los pavos o los españoles con los lechazos, pero en plan gore y con un punto entre Tarantino y Al Jazeera.

happy eid

Semanas antes del acontecimiento, las carnicerías se llenan de cabras (vivas) que alimentan ahí mismo. Según se va acercando la fecha, el número de negocios que sacan las cabras a la calle aumenta también, y además, empieza a verse alguna vaca. Esto es algo a lo que te puedes acostumbrar a ver, aunque no deja de ser curioso que en el súper del barrio, de corte occidental, pongan un redil con unas cabras dentro. La estampa es tronchante cuando ya ves como cogen a la cabra y la meten en el carro de la compra cual saco de naranjas o bote de lejía.

A pocos días de tan señalada fecha, la gente (autóctona) te recomienda que salgas a la calle y disfrutes de la fiesta del pueblo; la gente (foránea), por otro lado, te recomienda que huyas lo más lejos posible y que evites el contacto con la más mínima gota de sangre de cabra. Valorando estos consejos, y aprovechando esos 4 días de fiesta, opté por huir a un oasis de escasa ocupación humana.

Lo poco que pude disfrutar de la fiesta del Eid fueron las horas previas a coger el autobús. La impresión que me dio es que se debe parecer a algo así como The Walking Dead: A primera hora de la mañana todo estaba desierto y no se veía un solo coche en movimiento (algo realmente extraño en Cairo) y horas después, empezaba la matanza y los ríos de sangre por las calles.

Esto, por suerte o por desgracia, no pude verlo. Quizás el año que viene.