Tailandia: el viaje más guiri

El último viaje que hice fue a Tailandia. La verdad que no había leído mucho acerca del país previamente a la elección, pero me llamó la atención cuando decía que iba a ir de vacaciones a Tailandia la gente se sorprendía por la decisión. En algún momento alguien incluso llegó a decir: “¿Tú? Pero si no tienes pinta de putero..” a lo que no supe muy bien que responder. La intención era visitar templos, ciudades y playas paradisíacas. No tuve en cuenta que también era un destino muy demandado por otros motivos.

Para el viaje, usamos el idiotizador de viajeros por excelencia: La lonely planet. La verdad que te resuelve la papeleta en muchas situaciones, pero es verdad, que si abusas de ella, se te pone complejo de oveja.

La llegada a Tailandia fue muy cansada. La primera noche anduvimos por el centro de Bangkok por la zona más turística: Khaosan Road. Un cruce de calles con numerosos bares, restaurantes y centros de masajes, acompañados por música, muchísimos turistas y puestos ambulantes. Lo que más me llamo la atención fue el descontrol de los turistas y la gran cantidad de fiesta que había. En un momento dado, viendo a un británico borracho como una cuba, hablando solo y andando a 4 patas, tuve la sensación de que desaprovechaban todo lo que la ciudad y el país podía ofrecer de verdad. Solo tardamos 24 horas en acabar borrachos, comiendo escorpiones de un puesto ambulante y montándonos 6 personas en un Rickshaw de 3 plazas cantando a pleno pulmón. Durante el día siguiente nos moderamos e hicimos turismo por la ciudad.SONY DSC

Entre otras cosas, hicimos la visita obligada al Palacio Real. De camino al palacio, algunas personas nos decían que estaba cerrado y nos aconsejaban ir a otros lugares que ellos nos indicaban. ¿Quién iba a pensar que aquellas personas con cara de pan y ojos rasgados iban a engañarnos para hacer negocio de nuestro viaje? Menos mal que veníamos avisados por la guía y no caímos.SONY DSC

Después de dos días en Bangkok, fuimos al norte en un tren nocturno. Estuvimos en Chiang Mai visitando templos. Muchísimos. Todos muy llamativos. Aunque después de los 10 primeros empieza a costar diferenciar cual es cual. También contratamos una excursión para montar en elefante y visitar la tribu de las mujeres jirafa. El paseo en elefante, para mi horror, supuso darme cuenta de la pobre vida de estos animales en este tipo de tours. Supimos de la existencia de otros lugares donde eran mejor cuidados pero ya era demasiado tarde.SONY DSC

Por la tarde pudimos visitar la tribu de las mujeres jirafa. La verdad que era realmente espectacular la fisionomía de estas mujeres. Aunque en este caso, las mujeres básicamente regentaban un mercadillo y eran expuestas al público a modo de zoológico.SONY DSC

Después de pasar unos días en Chiang Mai, nos dirigimos al sur en busca de las famosas playas paradisíacas. La zona elegida fue Ao Nang. Desde tuvimos la oportunidad de ver Raylai y un conjunto de islas impresionantes. Tuvimos la suerte de que casi siempre esquivamos las aglomeraciones de turistas ya que cogíamos pequeños botes individuales. Excepto una vez donde contratamos una excursión para ver varias playas. Además ese mismo día por la mañana jarreó agua durante varias horas. El concepto era montar en un barco con otros 50 ilusos que habían caído en la misma trampa que nosotros y visitar varias islas haciendo varias paradas para comer, hacer snorkel o bañarnos.SONY DSC

La guía que nos acompañaba, que apenas levantaba medio metro del suelo, estaba curtida en viajes y en turistas. Era como si el personaje de Lilo en Lilo & Stitch hubiese sido marginada por Disney, se hubiese dado a las drogas y el alcohol y hubiese vuelto a encauzar su vida como guía turística en un bote de recreo. Era como un pequeño sargento que daba las indicaciones a gritos: cuando era zona de playa “Just swimming, not snorkeling”, cuando era zona de corales “Just snorkeling, not swimming”, cuando había que observar un paisaje “Take camera, best memories” y cuando veía que había demasiada lluvia “no camera, just memory”.SONY DSC

En algunas de estas playas, los barcos se apiñaban repletos de peregrinos: éramos hordas de turistas de playa en playa bajo el diluvio universal. Nos pasamos todo el día mojados, y tengo que decir que al principio me encantaba la idea. Volver a ver la lluvia. Después de tantos meses. Respirando profundamente y mojándome entero como si de una película de Isabel Coixet se tratara. Mi lado gafa-pasta estaba satisfecho. Después de unas horas, la situación empezó a crisparme. Y cuando, con la piel arrugada como una pasa, me bañé en la última playa, en un momento de desesperación dije “que hastío de lluvia por Dios, que me van a salir corales en los cojones”

El último día, pudimos disfrutar otra vez de una de las playas maravillosas con poca gente y con el agua templada como una sopa.

Tailandia es un destino muy interesante, con una cultura muy diferente a lo visto hasta ahora. Aunque si no se quiere caer en la rutina y lo típicamente turístico, conviene prepararse el viaje al margen de guías y consejos de agencias.

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