Un día de feria

Hace una semana nos tocó asistir a una feria, en calidad de feriantes, donde intentamos introducir varias empresas españolas en el mercado egipcio. Gracias a la mezcla de la cultura española y egipcia en un mismo espacio, la feria nos brindó momentos irrepetibles. El trabajo parecía sencillo: teníamos que mostrar el catálogo con las empresas y enseñar lo que ofrecían con la información que teníamos.

La mayoría de los asistentes nos preguntaron por restaurantes. Era fácil: en la cocina, los españoles somos buenos. En vendernos, ya no tanto: lo primero que se veía al abrir el catálogo de empresas era unas lonchitas de jamón serrano y unas copas de vino tinto. Cabe recordar que Egipto es un país mayoritariamente musulmán donde el cerdo y el alcohol no son tan populares como en la tierra patria. Cuando abrí la foto delante del primero de los clientes, sonreí con naturalidad y le expliqué las bondades de estos nuevos embutidos de vaca y su estupenda combinación con el zumo de uva que aparecía en la foto. A lo largo del día, y ayudado por el aburrimiento, fui perfeccionando la historia hasta llegar a decir que era un embutido ecológico de tofu.

Resulta que en Egipto, la gente se vuelve loca con todo lo gratis. Lo que sea. Vamos, como en España. Unos días antes de la feria, encontré en mi oficina unos pins de mi trabajo que habían sobrado hacía años de algún evento. Decidí darles salida y ponerlos en una cestita en nuestro stand. Pues bien, la gente se peleaba por cogerlos. Algunos se acercaban disimuladamente y cogían uno, se daban una vuelta a la feria, volvían y cogían otro. Hubo otros que los cogían y preguntaban que si eran gemelos de camisa, a lo que respondía que por supuesto. La verdad que la euforia recolectora no se ceñía solo a los pins. También nos cogieron los bolígrafos, aunque esos no los estábamos regalando: lo que se llama comúnmente hurto. Además, se llevaban los catálogos que estaban a la vista. De vez en cuando, venía a mi mente la típica voz de mercadillo: ¡madre mía, madre mía, que me los quitan de las manos señora! Ya por último, dos señores se intentaron llevar nuestras botellas de agua, a lo que me tuve que negar. Después de un simpático forcejeo con un jubilado, cada uno tirando de un extremo de la botella, desistí y dejé que se la llevara.

Las jornadas estuvieron acompañadas por música. Concretamente solo una canción: Yesterday, de los Beatles. Tocada a flauta y con estilo peruano. Tras varias horas de feria el pensamiento más recurrente en mi cabeza era que como pasase un solo minuto más escuchando esa melodía, me arrancaba las orejas y se las daba de comer a los gatos. De repente, me compadecí de esos pobres dependientes que les toca aguantar jornadas de 8 horas escuchando villancicos estridentes durantes las semanas previas a la navidad.

Dentro de la feria, había un gato que paseaba a sus anchas rondando nuestro stand. Con tanto desconcierto, pensé que seguramente también querría un pin. Cuando vi a uno de los hombres de seguridad perseguirlo con una porra para ahuyentarlo por uno de los pasillos, descubrí que estaba atraído por la comida de muestra que daban en el stand de enfrente.

En la feria pasamos muchas horas. Tantas que al final acabamos conociendo a los de los puestos de alrededor. Unas azafatas egipcias con cara de sorprendidas se encapricharon de mi y nos abastecieron de alimentos durante todas las jornadas: nos enviaron cafés, gofres, agua, posavasos, calendarios y el último día, ante el drama de la despedida, se hicieron fotos con nosotros. De cerca pudimos ver que no es que estuvieran siempre sorprendidas. En realidad se pintaban las cejas y lo hacían tan arriba que la cara de susto era inevitable.

Esta es la primera feria en la participo como expositor. Solo espero que si vienen más en el futuro, sean por lo menos tan entretenidas como esta.

Tailandia: el viaje más guiri

El último viaje que hice fue a Tailandia. La verdad que no había leído mucho acerca del país previamente a la elección, pero me llamó la atención cuando decía que iba a ir de vacaciones a Tailandia la gente se sorprendía por la decisión. En algún momento alguien incluso llegó a decir: “¿Tú? Pero si no tienes pinta de putero..” a lo que no supe muy bien que responder. La intención era visitar templos, ciudades y playas paradisíacas. No tuve en cuenta que también era un destino muy demandado por otros motivos.

Para el viaje, usamos el idiotizador de viajeros por excelencia: La lonely planet. La verdad que te resuelve la papeleta en muchas situaciones, pero es verdad, que si abusas de ella, se te pone complejo de oveja.

La llegada a Tailandia fue muy cansada. La primera noche anduvimos por el centro de Bangkok por la zona más turística: Khaosan Road. Un cruce de calles con numerosos bares, restaurantes y centros de masajes, acompañados por música, muchísimos turistas y puestos ambulantes. Lo que más me llamo la atención fue el descontrol de los turistas y la gran cantidad de fiesta que había. En un momento dado, viendo a un británico borracho como una cuba, hablando solo y andando a 4 patas, tuve la sensación de que desaprovechaban todo lo que la ciudad y el país podía ofrecer de verdad. Solo tardamos 24 horas en acabar borrachos, comiendo escorpiones de un puesto ambulante y montándonos 6 personas en un Rickshaw de 3 plazas cantando a pleno pulmón. Durante el día siguiente nos moderamos e hicimos turismo por la ciudad.SONY DSC

Entre otras cosas, hicimos la visita obligada al Palacio Real. De camino al palacio, algunas personas nos decían que estaba cerrado y nos aconsejaban ir a otros lugares que ellos nos indicaban. ¿Quién iba a pensar que aquellas personas con cara de pan y ojos rasgados iban a engañarnos para hacer negocio de nuestro viaje? Menos mal que veníamos avisados por la guía y no caímos.SONY DSC

Después de dos días en Bangkok, fuimos al norte en un tren nocturno. Estuvimos en Chiang Mai visitando templos. Muchísimos. Todos muy llamativos. Aunque después de los 10 primeros empieza a costar diferenciar cual es cual. También contratamos una excursión para montar en elefante y visitar la tribu de las mujeres jirafa. El paseo en elefante, para mi horror, supuso darme cuenta de la pobre vida de estos animales en este tipo de tours. Supimos de la existencia de otros lugares donde eran mejor cuidados pero ya era demasiado tarde.SONY DSC

Por la tarde pudimos visitar la tribu de las mujeres jirafa. La verdad que era realmente espectacular la fisionomía de estas mujeres. Aunque en este caso, las mujeres básicamente regentaban un mercadillo y eran expuestas al público a modo de zoológico.SONY DSC

Después de pasar unos días en Chiang Mai, nos dirigimos al sur en busca de las famosas playas paradisíacas. La zona elegida fue Ao Nang. Desde tuvimos la oportunidad de ver Raylai y un conjunto de islas impresionantes. Tuvimos la suerte de que casi siempre esquivamos las aglomeraciones de turistas ya que cogíamos pequeños botes individuales. Excepto una vez donde contratamos una excursión para ver varias playas. Además ese mismo día por la mañana jarreó agua durante varias horas. El concepto era montar en un barco con otros 50 ilusos que habían caído en la misma trampa que nosotros y visitar varias islas haciendo varias paradas para comer, hacer snorkel o bañarnos.SONY DSC

La guía que nos acompañaba, que apenas levantaba medio metro del suelo, estaba curtida en viajes y en turistas. Era como si el personaje de Lilo en Lilo & Stitch hubiese sido marginada por Disney, se hubiese dado a las drogas y el alcohol y hubiese vuelto a encauzar su vida como guía turística en un bote de recreo. Era como un pequeño sargento que daba las indicaciones a gritos: cuando era zona de playa “Just swimming, not snorkeling”, cuando era zona de corales “Just snorkeling, not swimming”, cuando había que observar un paisaje “Take camera, best memories” y cuando veía que había demasiada lluvia “no camera, just memory”.SONY DSC

En algunas de estas playas, los barcos se apiñaban repletos de peregrinos: éramos hordas de turistas de playa en playa bajo el diluvio universal. Nos pasamos todo el día mojados, y tengo que decir que al principio me encantaba la idea. Volver a ver la lluvia. Después de tantos meses. Respirando profundamente y mojándome entero como si de una película de Isabel Coixet se tratara. Mi lado gafa-pasta estaba satisfecho. Después de unas horas, la situación empezó a crisparme. Y cuando, con la piel arrugada como una pasa, me bañé en la última playa, en un momento de desesperación dije “que hastío de lluvia por Dios, que me van a salir corales en los cojones”

El último día, pudimos disfrutar otra vez de una de las playas maravillosas con poca gente y con el agua templada como una sopa.

Tailandia es un destino muy interesante, con una cultura muy diferente a lo visto hasta ahora. Aunque si no se quiere caer en la rutina y lo típicamente turístico, conviene prepararse el viaje al margen de guías y consejos de agencias.