Odisea en el Sinaí

El fin de semana pasado decidimos acercarnos al mar rojo. Concretamente a la parte oriental de la península del Sinaí. El viaje parecía una locura solo para un fin de semana. Pero teníamos un plan. Haríamos el viaje de noche para poder pasar el trayecto durmiendo y llegar al amanecer justo para disfrutar de los arrecifes de coral que hay en la zona.

El jueves a las 12 de la noche quedamos con el conductor de la furgoneta. Yo fui el primero en llegar y todos llegaron, como mínimo, con media hora de retraso. Después de refunfuñar, yo que soy muy hábil me dí cuenta de que me había olvidado el saco de dormir y tuve que volver a casa y hacer esperar a todos. Con esto el plan se vio ligeramente alterado.

Salimos tarde y el conductor decidió que para acortar lo mejor era atravesar por la plaza Tahrir, la cual está impracticable debido a las barricadas y tiendas de campaña que hay. A pesar de que todos los coches daban la vuelta y nos hacían gestos con los que creo que intentaban decir algo como “pero qué hacéis locos, iros para casa turistas ignorantes”, el conductor continuó. Finalmente, una barricada policial nos tuvo que abrir paso y salimos por fin de El Cairo.

Hasta aquí había sido lo fácil. Continuamos el viaje y llegamos al Sinaí. Simplificando mucho: para cruzar el Sinaí hay tres carreteras, “la del norte” que es la menos larga, “la del medio” que es la medianamente larga y la de la costa que es larguísima. Nos dijeron que teníamos que coger la de la costa porque es la más segura para turistas. El conductor decidió ir por la del norte a pesar de nuestras indicaciones. Esto cambiaba un poco el plan también. Finalmente, llegamos a un punto donde el ejército no nos dejó pasar porque decía que no era seguro para nosotros. Parece que para los propios egipcios si lo era, porque pasaban coches y furgonetas con total tranquilidad. Nos dijeron que o esperábamos hasta el día siguiente a la 1 de la tarde, hora a la que oficialmente vuelve a ser seguro, o nos fuéramos. Obviamente, nos fuimos y deshicimos el camino andado durante la última hora y media, lo cual también afectaba al plan inicial. Después cogimos la carretera de la costa y fuimos hacia el sur. Cuando todos nos dormimos, el conductor decidió coger la carretera “del medio” y cuando el ejército le paró, les dijo que éramos egipcios y siguió adelante. Entiendo que, o les dijo que éramos una excursión de egipcios albinos, o eran soldados que aprobaron raspadito. En cualquier caso, eso hizo que llegáramos según lo previsto en el plan.odisea 1

En el mar rojo estuvimos en la zona de Nweiba: una zona abandonada con agua azul celeste y en la cual de un lado están las montañas del Sinaí y del otro las montañas de Arabia Saudita, tan solo separadas por 10 kilómetros de distancia. Pudimos disfrutar de dos días escasos de paraíso. El día antes de ir, nos dijeron que por la noche había problemas de abastecimiento de gasolina, así que le dijimos al conductor que llenase el depósito por el día.odisea 2

Fue en el viaje de vuelta donde surgieron pequeños percances, ya que están extremando la seguridad, aunque no tanto la eficiencia:

17.00 h Salimos de Nweiba en dirección Cairo.

17.30 h El conductor decide ir por la carretera “del medio” ya que todavía es de día, y por lo tanto, seguro.

18.15 h Nos para el ejército en un Check Point y le dice al conductor que no puede cruzar con extranjeros.

18.20 h Volvemos para atrás y nos dirigimos hacia el sur.

19.20 h Pasamos por una gasolinera donde hay un mar de coches pitando, esperando gasolina. Pasamos por su lado y yo pienso pobres almas de cántaro que no han echado gasolina de día.

19.22 h Veo, para mi estupor, que nuestro conductor se mete en la marea de coches porque nos dice que no tiene suficiente gasolina.

19.25 h Con los ojos como platos, veo como se mete por un lateral y acaba a la altura de los surtidores.

19.30 h No sé que bazofia les cuenta a los que están ahí, pero milagrosamente nos dan gasolina.

19.35 h Seguimos nuestro camino.

21.35 h Llegamos al control de policía de la carretera de la costa y nos indican que no podemos cruzar porque al ser de noche y haber americanos en el grupo, necesitamos un permiso de policía de la comisaría más cercana.

21.40 h Nos damos la vuelta.

22.00 h Encontramos la comisaría del pueblo más cercano y esperamos que nos firmen la autorización jugando a adivinazas, a la pelota, etc.

23.00 h Finalmente conseguimos el permiso.

23.05 h  Volvemos a la carretera de la costa.

23.35 h Pasamos el control.

00.30 h Pinchamos una rueda. La rueda de repuesto está desinflada y no tenemos inflador.

00.40 h Llega la policía y nos deja una rueda.

01.00 h Llegamos al pueblo más cercano. Nos hinchan la rueda y devolvemos la otra a la policía.

01.20 h Continuamos nuestro camino hacia el norte hasta el Canal de Suez

04.30 h Llegamos al control de policía de Suez y nos dicen que no podemos cruzar y tenemos que esperar al amanecer.

04.40 h Gracias a la intervención de un amigo y a mencionar algo sobre la embajada, nos dejan cruzar

06.30 h Finalmente llegamos a El Cairo.

07.00 h Llego a casa

07.10 h Me meto en la cama

08.15 h Me levanto para trabajar con la misma cara que el feo de los hermanos Calatrava

En algún momento de la mañana: parada cerebral.

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Monasterios de Wadi Natrun

La semana pasada fuimos a unos monasterios coptos situados en medio del desierto en un oasis llamado Wadi Natrun. Con la información que había leído en la lonely planet y lo que mi imaginación había dado de sí, pasé las dos horas de viaje dando cabezadas e imaginando como podían ser esos lugares donde los monjes coptos meditan. Cuando llegamos, descubrimos que los días de visita, los monasterios son visitados por hordas de cristianos procedentes de diferentes lugares de Egipto.

Entre todas las personas, llamábamos la atención bastante, ya que éramos de los pocos occidentales que se acercaron al lugar. Esto hizo que los niños y los no tan niños se nos acercaran una y otra vez a saludarnos y darnos la mano. Lo más curioso es que uno de mis amigos que mide alrededor de los 2 metros de altura y con melena pelirroja, fuera el centro de atención a su paso. La gente le detuvo en varias ocasiones para hacerse fotos con él y algunos, incluso, le tocaban por la espalda y se besaban la mano para luego tocarle como si de uno de los monjes se tratara.SONY DSC

El tipo de gente que había era bastante diferente a la que hay en El Cairo. La gente era muy morena, con pelo oscuro, muy velludos y con una estética estancada en los 80 con tintes de zíngaros. Esto hizo que a los ojos de los monjes también fuera fácil identificarnos. Tal es así, que en uno de los monasterios que visitamos, un monje se acercó a nosotros con una cálida sonrisa y nos llevó en una visita, cuando menos, surrealista.

Tengo que decir que los de los besos estaba a la orden del día. Besos a los monjes. Besos a las representaciones de Cristo. Besos al informático que nos acompañaba. Había para todos. El gesto general que hacían a los monjes era el de saludar con la mano, y cuando el devoto le daba la mano y acercaba sus labios para besarla, el monje la retiraba rápidamente. De esta manera, la gente se acababa besando su propia mano con un gesto algo sorprendido. No estoy seguro de si lo hacían por higiene, ya que los besos en las manos se podrían contar por cientos. También es verdad que no hubiera estado mal limitar el número de besos ya que la gente besaba cada representación de Cristo con la misma efusividad con la que mi abuela nos besa después de una larga temporada sin verla.

La visita guiada que nos dio el monje fue bastante peculiar. Nos hizo una visita como si fuéramos VIP, apartando a todo aquel que no era de nuestro grupo. Contó el número de personas que éramos y nos llevo de uno a otro hito sin parar y mencionando hasta el último detalle. A esto hay que añadir que la gente le miraba y se unía por admiración a nuestro grupo. Además, algunos nos miraban y nos saludaban con campechanía. Los niños correteaban a nuestro alrededor y lanzaban pelotas parpadeantes. Un señor nos dio chocolatinas. Chocolatinas que regalé a otro niño minutos después e hizo que se pensara que era un cristiano venido del oeste preparado para repartir dulces.SONY DSC

En algunos momentos, había tal atasco de gente, que el monje se abría camino quitándose del medio los feligreses a manotazos. También les decía que nos estaba contando cuentos que a ellos no les interesaba y que se alejaran. Me resultó curioso que nos trataran de esa manera “privilegiada” y que les trataran de esa manera un poco más despectiva, cuando eran ellos los que venían por devoción y fe. Si bien es cierto que, nos comentaron que antes de la revolución los turistas venían diariamente por decenas, y ahora, tristemente, se contaban por unidades cada semana.