Ha llegado un paquete

El jueves me llegó una notificación a casa de que había recibido un paquete. Si soy honesto, tuve que preguntar a amigos egipcios que era exactamente porque para mi era indescifrable y lo podía haber interpretado como una multa o una receta de sopa de pollo y quedarme tan ancho.

El viernes, miré en un mapa donde estaba la oficina: no parecía lejos. Así que cogí la nota y me fui de un paseo hasta la oficina. Solo había que continuar mi calle, pasar tres rotondas, cruzar una autopista y ahí estaba la oficina. Los viernes la ciudad está tranquila, porque es el día del rezo, así que llegué sin problema hasta el edificio de correos. Era un edificio enorme, que parecía que estaba en obras, con un parking grande, bastantes árboles y camiones de reparto polvorientos. Abrí una puerta enorme y me topé con un hombre de pie y le pregunté. Me explicó que era el edificio de al lado (uno más modesto pero que estaba ubicado dentro de la finca donde me encontraba), pero que estaba cerrado los viernes. Así que volví a casa.

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El domingo, después de trabajar, volví a ir a la oficina. Fui a media tarde y la verdad que ese día si que se notaba más actividad. Para acceder a la oficina que me indicaron el día anterior había que acceder a un patio con plantas. Nuevamente estaba cerrada. Había un hombre merodeando entre las plantas, le enseñé la nota y me dijo que fuera por un pasillo lateral. Al acceder, había una especie de escriba al que le enseñé la nota. Me indicó a berridos que fuera a la otra habitación. En la siguiente habitación, había varios trabajadores. Le enseñé la nota a uno, me dijo que le preguntara a otro. Éste otro hizo un corrillo con varios, hablaron un poco, se rieron y decidieron decirme, entre risas y por unanimidad, que volviera mañana a la oficina de al lado. Así que volví a casa.

El martes, decidí ir más pronto, también después de trabajar. La carretera estaba bastante transitada, pero me fue fácil llegar. Fui directamente a la oficina por el pasillo lateral y le volví a enseñar la nota al tío de los berridos porque la puerta principal volvía a estar cerrada. Me dijo que volviera al día siguiente. Le pregunté que cuando abrían y por fin me indicó que solo abrían por la mañana. Así que volví a casa. Cuando llegué a casa, me habían dejado otra notificación de que recogiera el paquete en la oficina.

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El miércoles, en el trabajo, se fue la luz a eso de las 10. Así que cogí mi nota, le pregunté a mi jefe y me acerqué de una carrera, porque se tardaba “solo 5 minutos” Con la sudada, la gente, los coches, la autopista, etc. Llegué a la oficina. Que de repente era un sitio con muchísima vida, y ¡hasta tenía un mercadillo local de especias dentro!. Entré en la oficina que por fin estaba abierta, enseñé la nota, me pidieron el pasaporte, pagué unos 5 euros de trámites, cumplimenté un formulario, sellaron unas seis hojas y tras esperar un momento me dieron el paquete que tenía fecha de envío de noviembre.

Tras casi tres meses, 4 visitas a la oficina de correos y 5 euros de trámites, ¡tenía mi paquete!. No hace falta decir que los paquetes son agradecidos, pero menos sufridos si se mandan por transporte privado.

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