Las pirámides de Gizza

Después de llevar casi un mes y medio viviendo en Egipto, por fin he visitado las Pirámides de Giza.  Tiene poco mérito teniendo en cuenta que se encuentran a 25 minutos de mi casa en taxi.

Pirámides I

Después de llevar toda la vida viendo imágenes de las pirámides en películas y revistas, piensas que no te puede sorprender demasiado. ¡Pero no es así!. Aunque los motivos por los que sorprendan sean otros. Según íbamos llegando de repente aparecieron las pirámides inmensas entre los edificios. Esta imagen pronto se me fue de la vista cuando advertí que cuando reducíamos velocidad o llegábamos a un semáforo, algunas personas golpeaban el capó del coche. A medida que nos acercábamos cada vez más hombres golpeaban el coche y con más fuerza. La reacción del taxista era acelerar sin importarle a quien golpeara. Yo pensé, a ver si nos quieren robar y el taxista, sabiéndolo, está acelerando para dejarnos en un lugar seguro. Craso error. En ese momento decidí compartir mi pensamiento con el informático que también venía. Segundo craso error. Él pensó que era el mejor momento para decirme que mirara el titular que le había mandado el día anterior un amigo. El titular rezaba: “Zawahiri llama a los egipcios a completar la revolución y a secuestrar occidentales”. En ese mismo momento, cuando ya alcanzábamos lo que parecía ser la entrada principal a las pirámides, el taxista echó lo pestillos y giro a la izquierda. Con las pirámides de lado y adentrándonos en un suburbio cercano, el bullicio era mayor y el número de golpes que el coche recibía empezó a ser mayor. Con el corazón a cien, el taxista giro en una calle que de repente estaba desierta y volvió hacer otro quiebro en otra calle de tierra, paró el coche y dijo algo que, por supuesto, no entendimos. Les dije a mis amigos que se prepararan para correr. En ese momento, llegó otro amigo del taxista que hablaba inglés y nos dijo que contratáramos unos caballos para ir de pirámide en pirámide porque estaban muy lejos. Le dijimos que no, que ya teníamos contratado eso. El taxista nos dejó en lo que parecía la puerta de atrás de las pirámides y ahí nos adentramos.

En la entrada, el informático tuvo un pequeño problema digestivo, había estado toda la noche malo y ahora necesitaba urgentemente ir al servicio. La visita estaba saliendo redonda. Después de un poco de apuro y estrés por su parte, consiguió encontrar un baño. Yo me alegré. No quería que el titular del periódico del próximo día fuera que dos turistas se cagan en el emblema egipcio y desatan la segunda primavera árabe.

Piramides II

Ya en el recinto, vimos en lo que se han convertido las pirámides: una especie de Carrefour en el primer día de rebajas, pero con más gente. Había muchísima gente, carros, caballos, camellos, turistas, egipcios, coches y mucho polvo. Dentro, pudimos ver la esfinge, más pequeña de lo que esperaba, pero igualmente espectacular. Eso sí, rodeada de puestos de souvenirs y turistas. También pudimos ver las pirámides y sufrir el acoso de los vendedores de souvenirs. Tuvimos la suerte de encontrarnos con otros amigos egipcios que nos explicaron que los hombres que golpeaban el coche, eran guías turísticos que te “invitaban amablemente” a contratar sus servicios en las pirámides.

Pirámides III

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